Máscaras con esferas de compensación
Años 30 del pasado siglo. Roger Pulvenis y sus hermanos disfrutan de las límpidas aguas de la costa azul francesa.
Enamorado del océano desde que tenía uso de razón, Roger desearía poder sumergirse, ver y perseguir a los peces en su elemento.
En esa época ya se conocen en Europa algunas lentes binoculares que permiten la visión subacuática. Diseñadas por Fernez y basadas en los modelos artesanales que usan desde hace siglos algunos pescadores polinesios, adolecen de un grave problema: cuando el buceador se sumerge con estas gafas, la presión empieza a ejercer un placaje sobre sus ojos. Si sigue bajando, la molestia se convierte en dolor y puede llegar a causar graves lesiones oculares.

Aparecen también las primeras máscaras monoculares que, aunque cubren una mayor parte del rostro, siguen dejando la nariz del buceador fuera, con lo cual, el placaje sigue sin solucionarse. Esto limitaba bastante su uso y de hecho se vendían como gafas para la práctica de la natación.

Roger Pulvenis idea un sistema para evitar este problema. Desarrolla un modelo de máscara subacuática que constaba de un cuerpo de cobre y caucho y una lente frontal de vidrio. Añadió a esta máscara un par de peras de caucho (de las utilizadas para administrar enemas) que comunicaban con el interior de la máscara.
Cuando el buceador se sumergía, la presión actuaba sobre estas peras y las iba comprimiendo. Esto hacía que el aire acumulado en su interior fuera insuflado progresivamente en el interior de la máscara. De este modo se compensaba la presión interior y evitaba el doloroso placaje contra el rostro.

Varias marcas de material de buceo y pesca submarina lanzaron en los años 40 y 50 algunos modelos prácticamente idénticos entre sí y basados en el sistema ideado por Pulvenis.

Nemrod, pionera en fabricar material de pesca submarina en nuestro país, sacó al mercado en los años 40 el modelo ASTERIA SEMICIRCULAR CON BOLAS.
En este modelo, las esferas de goma se comunican con el interior de la máscara a través de un perno metálico hueco con rosca exterior. La sujeción y estanqueidad de las bolas y el cuerpo de la máscara se aseguran mediante unas tuercas de latón y arandelas de caucho.
Aunque el sistema funciona razonablemente bien, ya que evita el placaje, son máscaras muy delicadas y poco hidrodinámicas. Cualquier golpe o aplastamiento externo podía provocar una rotura de la goma de la máscara o las esferas. Este hecho, unido a que muy poco tiempo después aparecieran en el mercado máscaras que englobaban la nariz del buceador en su interior (lo que solucionaba el problema de la compensación de la presión interna) hizo que tuvieran poco éxito.
Las pocas unidades de estas máscaras que han sobrevivido hasta nuestros días, se consideran auténticas rarezas y alcanzan precios elevados en el mercado de los coleccionistas.
Este modelo estuvo en catálogo desde principios de los años 40 hasta 1958.

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